Ruido

Llevo unos días en que el silencio es especialmente atronador. 

Estos meses me he creado una cámara de resonancia con todas las cosas que me gustan, pero hasta esas me molestan ahora. Necesito amortiguar los golpes de mi angustia con una mejor estrategia. 

Necesito algo de ruido amable. 

Ruido, que acompañe, pero que no hable, que no se solape con mi voz interna, y a la vez, ruido que no sea grosero, ruido pulido por el tiempo, arena. 

No sé qué me pasa. Físicamente mi cuerpo no puede más. Es como si se estuviera purgando desesperadamente, y ya casi no puedo comer, me siento débil, enferma, duermo una hora al día, que voy regateándole a las horas, en forma de minutos, y no hay nada que hacer conmigo, porque a nadie le importa un cuadro tan complejo como el mío. Los médicos a menudo se comportan como zotes y se consuelan criticándose entre sí, sin ver la basura, la paja o la anestesia que tienen en su propio ojo. 

Escucho cosas como psicodélico underground japonés, japanoise, fusiones con jazz, a veces ópera, y algunos podcast de humor absurdo, o de gente que me cae bien y que nunca ofrece puntos de vista que me desagraden. Así de cansada estoy. No me apetece gastar más energía en otredades baratas. 

No, porque ya me estoy saliendo de mí misma. 

Por otro lado, las pocas personas con las que hablo solo pretenden convencerme de lo especial y profunda que es Expediente X. He llegado al límite con la banalidad ajena. 

¿Lo que me pasa es que estoy muriéndome física o metafóricamente? Es poco probable que sea físico, aunque se me esté complicando por momentos la salud, pero no hasta ese punto. Me siento como si estuviera descapullándome a niveles astronómicos. Vamos, como una larva del espacio. 

Tengo constantes náuseas, creo que voy a vomitar en algún momento un hijo mío y lo peor es que seguro que será porque se haya cumplido ese terror irracional mío, recurrente para colmo de la gracia, de que durmiendo puedo ser fecundada por una cucaracha perturbada. 

Como los médicos se limitan a pasarse el muerto los unos a los otros, incluso ahora que todavía no soy cadáver, le pregunto al tarot, y éste me responde que estoy en un momento de llenarme de nuevas emociones y afectos positivos, y que con constancia llegaré a conectar con algo profundo de mí, muy creativo, que llevo años buscando. 

Debe ser esa sensación nauseabunda una partenogénesis.














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