Del sentimiento bizarro de la vida (II): mapeos psicogeográficos a lo largo de la historia y lo ancho de la cultura. Otra entrada mutante y potencialmente infinita
When logic rises morality falls Logic and morality in Japanese are but one character different (This Juvenile Apocalypse Our Golden Blood to Pour Let Us Never, 2022, Thrill Jockey Records), de Keiji Haino.
Reconstrucción de un hilo tendido al abismo de Threads: “Vamos a armar aquí una compilación de cosas bizarras y bonitas. Como los gatos”.




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Acabo de recordar algo que llegó a mis oídos alrededor del 2012, y he sentido la necesidad de recuperarlo.
Se trata del trabajo de la artista Ai Hasegawa, quien propuso desarrollar un proyecto para quedarse embarazado de un delfín para, luego, si el usuario lo deseaba, poder comérselo. Antes de 'I wanna deliver a dolphin' desarrolló otro similar con tiburones.
Más recientemente propuso un esquema para 'Clínica de vientre paralelo', y otro para la reproducción de dos lesbianas a partir de ADN sintético. Otros trabajos interesantes son 'Shared Baby', o 'Alt-bias gun', donde un arma aplica sesgos cognitivos humanos, así como 'Pop roach', una compleja propuesta para hacer más atractivas y nutritivas a las cucarachas.
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Mary Toft, madre de conejos.
En 1726 quedó embarazada y afirmó haber parido conejos. Nathaniel St. André, cirujano de la casa real de Jorge I de Gran Bretaña, investigó y concluyó que Toft estaba diciendo la verdad.
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Otra bella historia:
El 3 de marzo de 1876, probablemente a partir de las 11 de la mañana, una tal Sra. Crouch se encontraba haciendo jabón. La imagen resulta de lo más anodina, hasta que cobra una ironía efervescente: de repente vio que empezaba a chispear. No os preocupéis, no va salir nadando en espuma a causa del agua y el jabón... porque lo que caía del cielo era carne. Trozos de unos 5x5cm, pero también más grandes, de hasta el doble.
Este evento, conocido como Kentucky Meat Shower, parecerá menos llamativo si atendemos a que ocurrió en el condado de Bath. Al parecer se extendió durante horas (11 - 00h) y en un área de 45x90m, cerca de Olympia Springs.
La calidad de la carne, por si alguien se lo está preguntando, era de media a alta, ya que se trataba toda de carne roja, eso sí, mixta. Había cachitos de cordero, vaca, ciervo, oso, y caballo. Al principio se pensó que era de cordero o ciervo, ya que algunos lugareños la probaron. Método científico siempre por delante.
Luego, los análisis demostraron que también había carne humana, y otros tejidos, algunos procedentes incluso de niños pequeños. Está claro que en Kentucky no tienen un paladar muy fino.
Os dejo un bote en el que se conserva una de las muestras.




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El más inmortal de los filósofos
Aunque los que estudiamos filosofía conocemos de sobra esta anécdota, porque no hay introducción que se precie que no mencione este hecho, seguro, fuera de nuestro círculo no es tan conocida.
Bentham, el padre del utilitarismo, se encargó de ser momificado y expuesto en la universidad en la que ejerció, para mirar a los alumnos con unos bellos ojos de cristal eternamente.
Actualmente, las políticas woke han puesto un muñeco en su lugar, en el que se pueden reconocer mejor sus facciones, aunque mantiene su cabeza original (o una réplica de la original momificada, según la versión) a sus pies. Una clara humillación.


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Otra de universidades.
En 1929, en Princeton, los ingenieros Ernest Wever y Charles Bray, le sacaron un trozo de cráneo a un gato sedado (para que se quedara quieto), a fin de tener espacio para meterle al pobre animal unos electrodos que conectaran su nervio auditivo con un sistema telefónico. Después, como para compensar tal atrocidad, los hombres se pusieron románticos y le hablaron al oído. Uno le hablaba y el otro escuchaba en otra habitación por un auricular.
Aunque afirmaron que con esto quedaba demostrado que las ondas sonoras se convierten en impulsos eléctricos, en realidad lo más importante es que así se atrevieron a decirse las palabras que nunca se hubieran podido decir a la cara el uno al otro.
Hoy en día, por suerte, ya no se permiten tales expresiones homoeróticas en ninguna investigación científica.
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En julio de 1518, en Estrasburgo (noreste francés), Frau Troffea se puso a bailar en la calle. No paró durante los siguientes días, durante los cuales se le unieron hasta 33 personas, que mantuvieron el ritmo, como en la más dura de las raves, hasta que, pasado un mes, fueron 400. La gente, desnutrida y agotada, caía extenuada, o directamente se moría o sufría ataques cardíacos.
Se trataba de uno de los numerosos casos de coreomanía, danzamanía, enfermedad, plaga o peste del baile, o “baile de san Vito”, que tuvieron lugar en centroeuropa durante los siglos XIV y XVII. En Italia se manifestó como el fenómeno veraniego (sí, como si fuera un baile de Gerogie Dann) del tarantismo, por el que la gente bailaba la tarantela, tras, según se creía, haber sufrido una picadura venenosa de una tarántula o escorpión. Durante estos brotes podían llegar a juntarse decenas de miles, y podían aguantar así horas, pero también días, semanas y meses. A veces terminaban desnudos, fornicando, o con comportamientos animalescos, y no se sabe con exactitud si había cierta organización o si él fenómeno era completamente espontáneo, solo que los participantes perdían el control y no eran capaces de parar, como si estuvieran en trance.
Solía ocurrir en época de penurias y se ha considerado una forma de histeria colectiva, similar a otras muy parecidas como aquella ocasión en que todas las monjas de un convento terminaron maullando, o la famosa epidemia de la risa de Tanganica de 1962. También se ha relacionado con la «folie à deux», delirio que se transmite de individuo en individuo, o la Enfermedad Psicogénica/Sociogénica de masas (MPI), que es un delirio colectivo por el que, sin causa orgánica, se propagan los síntomas de una enfermedad dentro de un grupo de personas.
Sin embargo, las teorías más aceptadas actualmente son las que explican este fenómeno por el consumo involuntario de LSD, o, mejor dicho, del hongo del cornezuelo, que crece en granos como la cebada o el centeno, y produce tóxicos y psicoactivos (sí, es la explicación preferida de muchos para un montón de cosas medievales, que van del éxtasis místico, a las visiones marianas, pasando por un montón de fantasías que hacían de la época un período muy divertido).
Así que, ya sabes, la próxima vez que empalmes de rave en rave, recuerda que podrías no poder parar de bailar, hasta tu aniquilación.


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