El monstruo de Guillermo

Mi comentario sobre la película de Frankenstein de Guillermo del Toro tiene que empezar por un doble aviso: nunca he terminado de leer la obra de Mary Shelley y nunca he sido muy aficionada al cine de Del Toro, de hecho, lo que más me gusta de su autoría es su tarot, del que tengo una copia. 

En segundo lugar, creo que hay que tener claro qué se puede esperar de ella y qué no. Un ajuste de expectativas puede ahorrarnos una decepción: es una película creada para el gran público, como todo el cine de Del Toro. Es convencional, políticamente correcta, no arriesga, no es intelectual, no tiene grandes ambiciones detrás más allá de hacer una película disfrutable.

Hasta donde yo sé no es especialmente fiel al relato pero tampoco una aberración y respeta algunos rasgos del texto que en otras adaptaciones no se respetan, lo que la hace parecer original. Tampoco hay exactitud en la ambientación histórica, a ratos parece casi steampunk, pero esto está dentro de lo esperable en un relato de ciencia ficción, y atendiendo a la estética a menudo biomecanicista de Guillermo del Toro. Tampoco es demasiado oscura ni gótica, más bien tiene ese aura suya fabulosa, que sobre todo se concreta en el juego con la paleta de colores, la fotografía, la puesta en escena, el diseño artístico, etc. Del Toro es un esteticista y se le suele ir la fuerza en plasmar plásticamente su concepto visual más que otra cosa.

Lo que se ha criticado más es la caracterización de Elordi. Lo entiendo, porque a ratos te saca del relato –sobre todo por el maquillaje, para mí esto falla mucho–, y tenemos una tradición de Criaturas de Frankenstein monstruosas, así que este Adonis de repente choca mucho. Puntos a su favor: es verosímil que, dada su confección cuidadosa y por partes, el resultado sea perfecto. Casi un superhombre. Es una de las reinterpretaciones simbólicas que más se han repetido durante el siglo XX, la de la Criatura como artificio estético y como no-vivo-no-muerto, lo que lo acerca a un semidiós. No me desagrada del todo, pero cambia un poco la lectura de toda la historia.

Antes de meterme en esto, quisiera aclarar que más que una reflexión sobre ciencia, responsabilidad, creación, humanidad, etc. tengo la sensación de que Del Toro se ha marcado el típico film sobre conflicto paterno-filial. Desconozco si esto es intencional o una pulsión suya que se le ha descontrolado.

Volviendo a la cuestión de esta criatura «Adonisíaca», creo que se alinea perfectamente con una suerte de perspectiva muy afín a la del feminismo de la diferencia con respecto a la contraposición cultura necrófila (masculina) / cultura biofílica (femenina). Esto no es una proyección mía, el personaje de Mia Goth es la encarnación desacomplejada de esta visión y lo expresa de forma belicosa. Si ya en el Frankenstein de 1931 tuvimos nuestra ración de Criatura tierna e incomprendida, casi como un idiota de Dostoievski, aquí tenemos el plato lleno. Guillermo nos ha ahorrado el morbo de vernos desear una criatura horrenda y nos ha plantado directamente a un hombre inexcusablemente bello. Yo hubiera preferido la versión horrenda, y muchos fanáticos del sentimiento de lo sublime, amantes de la fealdad y monstruosidad, también, pero, para qué complicarnos, nos dan una primera imagen temible y deshumanizada al inicio de la película, y después sencillamente se deshace.

Pero lo más hermoso de la caracterización de Del Toro es que pese a que, como en la obra de Shelley, le da voz y humaniza a la criatura, le permite que sea torpe y rudimentaria, lo que sí supone una licencia respecto de la novela, pero que añade una capa de extrañeza que da continuidad a la monstruosidad, y a la vez favorece la compasión, el afecto, y el deseo de protección del espectador. Y creo que al final este es el punto de la película. La monstruosidad de Víctor, aunque nominalmente pueda ir asociada a su ambición desmedida –ese reiterado «jugar a ser dioses»-, realmente se expresa como la incapacidad de cuidar la vida, la ausencia total de delicadeza y amor.

¿Es buena? Mala no es, tal vez un poco aburrida una vez ya se ha hecho despliegue de todo el portento esteticista, pero para un gran público funciona perfectamente, sobre todo por la facilidad con que se puede traducir al lenguaje de la novela romántica –por eso he escogido este cartel. En comparación con, por ejemplo, La hermanastra fea (2025), creo que es menos original y emocionalmente más plana, por supuesto menos profunda y más digerible.

Como curiosidad última quería señalar que, si se une al Nosferatu de Eggers, no deja de llamarme la atención que se confíe gran parte del diseño del personaje al abrigo. ¿Estamos en una era en la que lo más siniestro que somos capaces de imaginar es un abrigo de pieles?

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